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El Azud de Alfeitamí

Amanecer en el Azud

Para comprender la importancia que ha tenido el Azud de Alfeitamí a lo largo de nuestra historia hay que entender que la red de riego heredada de la época musulmana solo cubría una mínima parte de tierra de lo que es ahora, ya que nos abastecíamos exclusivamente de la acequia vieja de Almoradí que partía del azud del puente de Levante de Orihuela. Ésta acequia beneficiaba únicamente a Almoradí y Daya Nueva, cuyas aguas  se asignaban tres días consecutivos por semana a cada territorio, originando continuas disputas entre ambas localidades.

Nuestro azud solo era una pequeña palizada de estacas de madera y tierra que dirigía la corriente al molino harinero. 
Así lo describía José Montesinos, en su Crónica Suma: “…está vecino a Benejúzar el molino de Alfaytamí, muy antiguo de tiempo de moros y le quedó el nombre del señor del lugar.”  

Sin embargo, su importancia llegó en 1571, cuando el síndico de la Universidad de Almoradí, Luís Carbonell, el señor de la Daya Francisco Boil y Masquefa y el propietario del Molino, Francés Galicant, otorgaron ante notario la apertura de dos nuevas acequias aguas arriba y junto al azud, llamadas “Mayor o Nueva de Almoradí” y  del “Río”, sentando además las bases para realizar el dique de obra permanente.

Dicha obra se acabó en 1615, y con ella, se creó un complicado entramado de acequias, que a día de hoy, siguen cumpliendo la misma función de entonces; la de dar agua de riego a toda la Vega, especialmente a Almoradí y Daya Nueva. La financiación de las obras, cuyo coste se elevó a 7432 libras, fue asumida por la comunidad de regantes dependiente del Azud de Alfeitamí, que hicieron una derrama anual de 6 sueldos por tahúlla y cuyo gravamen concluyó en 1775, una pesada carga que tuvieron que asumir durante dos siglos.

Las acequias tienen dos casetas que aún se conservan, y que guardan las compuertas o tablachos, cuya función principal es la de evitar que en las crecidas del río el agua inunde nuestra comarca. También se conserva el dique con los sillares traídos de las cercanas canteras de La Escotera, aunque seguramente éstos son posteriores al terremoto de 1829, ya que en el parte de daños remitido por las autoridades de Almoradí se señalaba que “ha quedado arruinada la rivera y azud del río…”

PUBLICADO EN "ALMORADÍ, UN RECORRIDO HISTÓRICO"
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